Por: Alejandro Quintero Galeano

Reciente y paradójicamente, en época de pandemia, la película El Olvido que seremos, que cuenta la historia de Héctor Abad Gómez impulsor de la disciplina de la salud pública en Antioquia y el país, a quién se le quitó el derecho a vivir por su profundo compromiso social, ha sido galardonada con el premio de mejor filme en el Festival Cine horizontes, conocido como el Festival Español de Marsella, Francia. Siguiendo la tradición colombiana, a personajes incómodos para el régimen en el país no se les recuerda ni su nombre, ni su historia y ni mucho menos su obra, se les evita; y decimos paradójicamente, porque se galardona una obra, en el extranjero – claro está- que es el testimonio de la vida de una persona que fue señalada y sentenciada por las élites económicas y políticas, se galardona una obra de una persona que combatió desde la academia y con su práctica para mejorar las condiciones de vida de la población, mejorar los servicios públicos, la nutrición, evitar las enfermedades prevenibles, prevenir las epidemias, etc., en plena época de pandemia. Una pandemia en su país que, por los intereses mezquinos de esos mismos pocos que lo señalaron, a consecuencia de las reformas previas hicieron que nos cogiera mal parados y que no se contara con un sistema de salud fuerte, ni con las herramientas suficientes; situación empeorada por el gobierno actual que no ha sabido enfrentarla, encontrándonos clasificados entre los peores a nivel mundial.

Hoy del concepto de salud pública estipulado por el maestro Héctor Abad Gómez queda solo su nombre. Como lo expresa su hija en el prólogo a la edición especial del libro Fundamentos éticos de la Salud Pública, obra publicada por la editorial de la Universidad de Antioquia en el año de 1987 en su homenaje: “Tengo la impresión de que la salud pública con la que soñaba mi padre ya no existe. Se quedó en sus sueños. En sus palabras. En sus cátedras. En sus enmohecidos libros y en las bibliotecas de sus alumnos”.

“He aquí el precedente de la salud pública; utilizar los recursos científicos y tecnológicos de todas las naciones para el completo bienestar físico, mental y social de todos los hombres. No han alcanzado a ver la salud pública, como disciplina integradora del bienestar humano…..La salud pública tendrá que conservar sus valores históricos de servicio al hombre integral, al hombre que sufre, al hombre que siente. Así la salud pública conservará su tradición de servicio al hombre integral y no se deshumanizará. La salud pública, sin dejar de hacerse cada vez más científica y más técnica, se hará cada vez más humana. Se convertirá, es posible en una nueva ciencia que yo he llamado “sociatría” (poliatría)[1], que sería nieta de la medicina e hija de la salud pública. La sociatría (poliatría) analizará científica y técnicamente los grandes problemas de patología social y propondrá remedios para ellos. Será el complemento terapéutico de la sociología. No se quedará como esta, que ha sido simple biología imparcial y pura de la sociedad, sino que tomará partido, se comprometerá con la época y con la historia, propondrá remedios buscará caminos. Y sobre todo, será capaz de crear los modelos matemáticos de una sociedad sana. La salud social, de que habla la gran definición de Chisolm[2] de salud, será la meta hacia la cual se encamine la futura salud pública”.

En ese texto se demuestra una parte del pensamiento humanista del maestro, su visión del problema de la salud en Colombia, su concepción amplia e integral de la salud y la salud pública, por ello su lucha incansable por un país mejor, más equitativo, como parte de las metas a las que debía aspirar un buen médico y salubrista. En sus palabras:

Hoy lastimosamente todos sus pensamientos y propuestas han quedado en el olvido y peor que ello, se ha realizado todo lo contrario: la privatización de la salud, con una nueva lógica de negocio, el descuido y desmonte de los programas colectivos, de la salud preventiva, los programas de vacunación, la medicina social; encontramos hoy la pérdida de la orientación desde un sistema público-estatal, con dirección central, Sistema Nacional de Salud SNS, por uno fracturado al que solo le interesa el beneficio económico de los grupos financieros dueños del negocio, El Sistema General de Seguridad Social en Salud SGSSS.

La Ley 100 de 1993 significó la concreción para Colombia de la pérdida del concepto de la verdadera Salud Pública, significó en la práctica su defunción. El adiós a aquella hermosa teoría humanitaria, el adiós al enfoque integral, el olvido de los determinantes de la salud (económicos, sociales y políticos), la entronización de la estadística y la tecnología de punta al servicio de los conglomerados económicos dueños de EPS, el desfinanciamiento crónico de la red hospitalaria y la gran crisis a la que se sometió a la red pública encargada de atender principalmente a la población pobre de la periferia. Por otro lado, la proliferación de facultades de medicina con la formación de médicos y especialistas pensando más en el negocio de la educación y la salud que en las necesidades del país, la deslaboralización del personal de salud con la intermediación y tercerización, sometiéndolos a contratos deplorables, indignos, al retraso crónico y la multiplicidad de requisitos para su remuneración. 

Hoy la pandemia demuestra nuestras grandes falencias producto de esas decisiones políticas equivocadas que no tuvieron en cuenta los conceptos de la Salud Pública y la Epidemiología Social, de la Salud Colectiva, sino los intereses particulares de nuestras élites; por eso mismo asesinaron al doctor Abad en conjunto con quienes en la época luchaban por un país mejor. Recordamos también, a los profesores –sus compañeros y amigos- Leonardo Betancur, Luis Felipe Vélez, Luis Fernando Vélez, entre muchos otros, asesinados por los paramilitares[3].

Llama la atención el silencio de las facultades de Salud Pública del país, de los epidemiólogos críticos ante un manejo tan desafortunado (errado) de la pandemia por parte de este gobierno, del ahondamiento de la crisis del sector salud. Nuestras cifras en covid-19 confirman nuestros argumentos: total de casos 2´086.806, muertes 53.650, población vacunada 0 (corte a 31 de enero). Según el DANE para el 2020 la tasa de desempleo en promedio fue del 15,9% con un pico del 20.2% en julio y una informalidad mayor al 45 % en todo el año; a consecuencia de ello, han pululado las banderas rojas en las casas de millones de afectados. La situación es inocultable y ha merecido múltiples publicaciones sobre el particular: “Colombia, el tercer peor país en el manejo de covid-19”[4], “El desastre de la gestión”[5], “Un acuerdo para la corrupción”[6], “Secretismo”[7], “Pandemia a lo colombiano[8], etc.

Debemos retornar a los conceptos fundacionales de la salud pública, medicina preventiva y salud colectiva, el derecho a la salud de forma integral, el desarrollo y la aplicación de la Ley Estatutaria en Salud, para lo cual es necesario derogar la Ley 100/93. Respaldamos el trabajo denodado y comprometido durante esta crisis de la Dra. Carolina Corcho, los Dres. Germán Reyes, Hermán Bayona, Víctor Currea-Lugo, Saúl Franco, entre otros. Hacemos un llamado a todas y todos, a quienes sabemos trabajan diariamente en búsqueda del mismo objetivo de forma ardua y muchas veces silenciosa. Es hora de retornar al debate público, a las propuestas alternativas.

La Salud y la Salud Pública NO se deben seguir concibiendo como negocio sino como DERECHO HUMANO FUNDAMENTAL, la lucha por su concreción es nuestro deber ético y moral.

Reivindicamos la memoria, el pasado, presente y futuro del maestro Héctor Abad Gómez y de todos aquellos quienes cayeron asesinados por la búsqueda de otro país mejor para todas y todos. Continuaremos con su legado.

Una nueva organización política, una nueva organización económica, una nueva organización social y una nueva organización sanitaria, de abajo hacia arriba, de la periferia hacia el centro es lo único que nos garantizaría buena salud, paz y bienestar” (Héctor Abad Gómez)


[1] Poliatria: de polis (ciudad-Estado) e iatría (estudio, tratamiento, curación) es hija de la salud pública y nieta de la medicina.

[2] George Brock Chisolm la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

[3] https://ail.ens.org.co/cronicas/1987-ano-paramilitarismo-se-ensano-activistas-sociales-defensores-d-h-antioquia-cronica/

[4] https://www.portafolio.co/economia/colombia-el-tercer-peor-pais-en-el-manejo-de-covid-19-548579

[5] https://elpais.com/opinion/2021-01-26/el-desastre-de-la-gestion.html

[6] https://www.elespectador.com/opinion/un-acuerdo-para-la-corrupcion/

[7] https://www.elespectador.com/opinion/secretismo/

[8] https://www.youtube.com/watch?v=EnzppzAV1Bs&ab_channel=PabloBohorquez