Una de las preocupaciones hasta hace poco latentes en relación con Venezuela estribaba en la posibilidad de una intervención militar extranjera, especialmente de EE.UU en colaboración con el gobierno colombiano, la cual desde cualquier punto de vista costaría muchas vidas inocentes. Esta posibilidad fue planeada con antelación y empezó a tomar fuerza con la autoproclamación de Guaidó y su reconocimiento por la burguesía internacional, con la expectativa de crear una dualidad de poderes, revistiéndolo de legalidad y legitimidad, pero con una característica: no fue elegido por nadie. Lo anterior es significativo, pues refleja no solo el grado de avance político de la burguesía internacional, sino su intencionalidad y capacidad de prescindir de la democracia electoral para legitimarse y hacerse con el poder.

Aquí está el punto. La burguesía internacional es hipócrita al decir que una vez salga Maduro del poder llamará a elecciones libres. Una persona no elegida por nadie, llamará a elecciones libres ¡Vaya Contradicción! Peor aún, suponiendo que se llama a elecciones ¿dejarán participar a candidatos fuertes del madurísimo o más allá a candidatos del chavismo? No lo creo. Por el contrario, una vez lleguen al poder, si es que llegan, empezará la persecución con el beneplácito de todos sus socios. Pero dejemos a un lado los supuestos.

El día después del 23 de febrero evidencia varias cosas:

La primera y trascendental es la derrota de la intervención militar, que por supuesto aplaudimos los demócratas del mundo, porque la democracia no es algo que se invoca unas veces y otras no. Esta derrota tiene nombres, en particular, el Grupo de Lima a la cabeza del subpresidente Duque y D. Trump. No obstante, es una derrota parcial, porque los amantes de la guerra con hijos ajenos proclaman ahora una guerra civil, igual o peor de desastrosa que una intervención militar extranjera. No está demás resaltar que los pueblos ganan con la paz no con la guerra, a pesar de cualquier problema económico, político o de otra índole por el que estén transitando, por ello lo que es una derrota para aquellos es victoria para éstos.

Lo segundo es la entereza de una parte del pueblo de Venezuela, quienes con toda vehemencia salieron a defender su soberanía y sus derechos, sumado al clima político de paz de la intelectualidad y la izquierda americana y latinoamericana quienes alzaron a viva voz la consigna de la paz. Desde EE.UU en cabeza del senador Socialista Bernie Sanders –principal candidato demócrata con opción presidencial en las próximas justas electorales – pasando por el presidente Andres López Obrador en México, el senador Gustavo Petro y la precandidata a la Alcaldía de Bogotá Claudia López en Colombia, Evo en Bolivia, Uruguay y la izquierda argentina, hasta Pablo Iglesias en España y países como Italia, Rusia, China, entre otros. Pero también los pueblos unidos alzaron su voz, juntando la escasez de sus recursos se hicieron escuchar. ¡La unidad da sus frutos!

En tercera medida se reflejó la mezquindad del gobierno de Duque, del centro democrático y de los mass media aliados con el gobierno. La mezquindad de usar el término humanitario para justificar la apertura de una guerra, pagar a gente humilde de Medellín por su presencia en la frontera con la intención de “incendiar los ánimos”, cerrar los ojos ante las inundaciones en Choco, segmentar en un concierto “benéfico” a la “gente de bien” y a “la demás gente”; proclamar la democracia y acoger a una vándalo irresponsable -expulsado por el gobierno Santos- como Lorent Saleh, permitir la quema de una carga de tractomula en territorio colombiano y atribuírsela al gobierno venezolano, reconocer a un autoproclamado como presidente legítimo; defender al cínico fiscal general Néstor Humberto Martínez, pretender gravar la canasta familiar, promover el autoritarismo de la policía, ascender a generales vinculados con procesos de falsos positivos e irse de frente contra la Jurisdicción Especial de Paz – JEP, y ni que decir de su silencio cómplice con EPM y la catástrofe de hidroituango. Razón tienen quienes comentan que el gobierno debería mirar más la Viga en el ojo propio que en el ajeno.

Pero no nos desviemos tanto. Retomemos con la siguiente afirmación: “al final el pueblo es el que paga las consecuencias”. Porque como ha sido evidenciado por distintas fuerzas alternativas no todo es color de Rosa Roja en Venezuela. El pueblo paga las consecuencias del gobierno de Maduro, es un hecho. Bien hace el sociólogo venezolano Edgardo Lander (2018)[1] al decir que la izquierda latinoamericana carece de capacidad para aprender de los errores del pasado y de capacidad de autocrítica.

Por ello es importante mencionar que bajo el gobierno de Maduro la población ha sufrido no solo las consecuencias derivadas de la caída de los precios del petróleo, de la imposibilidad de un régimen alternativo en un solo país que impide hacerle frente al bloqueo económico, sino también de la burocratización del Estado, la militarización de las instituciones y de la vida política, la disolución de organizaciones sociales a través de la financiación de arriba hacia abajo que termina convirtiendo la diversidad organizacional en una unidimensional: el Estado[2]. Como diría una vieja metáfora mencionada frecuentemente por Ricardo Sánchez[3]: “si no volamos ahora, entonces ya no volamos” para referirse a que el gobierno desaprovechó la oportunidad de profundizar el proceso de transformación cuando concitaba los más amplios apoyos.

Pero no podemos ser ingenuos, un gobierno de la burguesía internacional tampoco será la maravilla para su pueblo.

La solución podría estar en la cooperación de los pueblos, en la sincera solidaridad internacional, lo cual no implica ausencia de crítica, en el relevo presidencial verdaderamente democrático, en la implementación de políticas públicas que fomenten el cooperativismo y la organización colectiva diversa, la protección de la naturaleza a través de un plan de mediano y largo plazo que permita el tránsito hacía fuentes de energía alternativas al petróleo; la lucha contra el patriarcado, la corrupción y el burocratismo, la creatividad colectiva, la soberanía alimentaria, el fomento de los bienes públicos, el agua como patrimonio universal, entre otra gama de posibilidades variopintas.

Por lo pronto, hay una certeza. Las acciones del gobierno de Maduro, en gran parte sustentado por los militares, no están conduciendo a una transformación práctica ni ideológica de la sociedad, en clave anticapitalista, antiautoritaria y eco-feminista. Y, esperar algo de la oposición en esa lógica es inverosímil.

 

[1]En entrevista dada a Sistemic Alternatives Symposium https://systemicalternatives.org/2019/02/19/entrevista-al-sociologo-venezolano-edgardo-lander-ante-la-crisis-de-venezuela-la-izquierda-carece-de-critica/

[2] Ibíd.

[3] Doctor en historia de la universidad Nacional de Colombia. Columnista de la Rosa Roja.

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